Gracias Debla, por cederme tu bonito nombre.
Para los que no lo conocíais, aquí podéis saber más sobre su significado.
Gracias a todos los que habéis leído el relato y a los que me habéis impulsado a escribirlo.
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lunes, 28 de febrero de 2011
domingo, 27 de febrero de 2011
Debla. Epílogo

Irrumpió en la habitación violentamente, sin darles tiempo a reaccionar. Tampoco se molestó en analizar lo que estaba pasando porque el ver a su mujer desnuda le bastó para reafirmar sus sospechas. Disparó primero sobre Eduardo, a bocajarro, y luego descargó la pistola sobre ella. Con cada bala que atravesaba su hermoso cuerpo, Debla se tambaleaba y con cada disparo, Ricardo Luján, “el Richard”, escupía sobre su mujer su rabia y necedad.
Por primera vez, los cuerpos de pintor y modelo se tocaron, aunque ya sin vida. Debla, desnuda, aún asía el clavel rojo en la mano. Eduardo, descalzo, había dejado sin terminar el mejor cuadro de su vida. “El Richard” contempló la escena embriagado y se sentó al borde de la cama lamentando su deshonor y preguntándose qué hacía aquel lienzo en blanco en medio de la buhardilla.
Por primera vez, los cuerpos de pintor y modelo se tocaron, aunque ya sin vida. Debla, desnuda, aún asía el clavel rojo en la mano. Eduardo, descalzo, había dejado sin terminar el mejor cuadro de su vida. “El Richard” contempló la escena embriagado y se sentó al borde de la cama lamentando su deshonor y preguntándose qué hacía aquel lienzo en blanco en medio de la buhardilla.
sábado, 26 de febrero de 2011
Debla V

Noche tras noche, Debla asciende los peldaños lentamente, pegada a sus talones, en silencio. Una vez cerrada la puerta, él se descalza y ella, parsimoniosamente, se despoja de su ropa y la deja sobre la cama de donde recoge el clavel, siempre fresco, siempre rojo.
Posa para él, sintiéndose orgullosa de su anatomía e imaginando qué parte de su cuerpo estará pintando él esa noche, de qué tono de rosa coloreará sus senos, con qué pincel contorneará sus caderas y en qué punto se detendrá a contemplarla. No está segura de querer ver el cuadro pero espera que él no deje de pintarla nunca.
Repiten el ritual durante varios días, de noche, en silencio, y con el latente temor en el aire a abandonarse. Una noche, en mitad de su ceremonial, el pintor perturba el silencio y dirigiéndose a ella, comienza a hablarle.
Posa para él, sintiéndose orgullosa de su anatomía e imaginando qué parte de su cuerpo estará pintando él esa noche, de qué tono de rosa coloreará sus senos, con qué pincel contorneará sus caderas y en qué punto se detendrá a contemplarla. No está segura de querer ver el cuadro pero espera que él no deje de pintarla nunca.
Repiten el ritual durante varios días, de noche, en silencio, y con el latente temor en el aire a abandonarse. Una noche, en mitad de su ceremonial, el pintor perturba el silencio y dirigiéndose a ella, comienza a hablarle.
viernes, 25 de febrero de 2011
Debla IV

La buhardilla, escasamente amueblada e iluminada pobremente por un viejo quinqué, permanecía ordenada. Todas las paredes, excepto la que ocupaba la cama, estaban cubiertas de estanterías donde numerosos tarros de cristal repletos de pinceles luchaban por hacerse un hueco entre los botes de pintura y de disolvente. Cajas, trapos, libros y libretas, albumes y carpetas, portafolios y papeles de todos los tamaños y grosores completaban la decoración de la estancia. En el medio de la misma, justo debajo de la claraboya, se erguía un gastado atril con un gran lienzo en blanco descansando sobre él, indiferente a lo que pasaba a su alrededor.
Sin duda, era el cuarto de un pintor.
Sin duda, era el cuarto de un pintor.
jueves, 24 de febrero de 2011
Debla III

Sabiendo que me seguía con sus dudas y su falda arrastrándose por los peldaños, cerré la puerta con cuidado para no alertar a los vecinos sobre mi vuelta. Eché el cerrojo y encendí la luz, mostrándole mi rostro por primera vez y descubrí en el suyo la sorpresa al reconocerme. Me descalcé y con mis pies sobre la gastada madera, fui revisando que todo estuviese en su sitio, tal y como lo había dejado meses atrás. Seguía habiendo un penetrante olor que no había conseguido eliminar.
Observándola allí de pie, retorciendo los dedos de una mano con los de la otra, por un momento, sentí pena por ella. Era joven, era hermosa y era perfecta para lo que me proponía. Sin más rodeos y tras un carraspeo casi imperceptible, le pedí que se desnudase y que dejase la ropa sobre la cama.
Encima de la colcha, coloqué un clavel.
Observándola allí de pie, retorciendo los dedos de una mano con los de la otra, por un momento, sentí pena por ella. Era joven, era hermosa y era perfecta para lo que me proponía. Sin más rodeos y tras un carraspeo casi imperceptible, le pedí que se desnudase y que dejase la ropa sobre la cama.
Encima de la colcha, coloqué un clavel.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Debla II

Arrojó el pitillo al suelo empedrado y húmedo de rocío y mientras la punta incandescente se iba apagando, empujó la puerta y con un abrupto gesto, me indicó que entrase. Lo hice sin rechistar, rezando para que el fuerte latido de mi corazón no delatase mi estado de agitación, fruto de la inexperiencia y de mi eterna predisposición a reconsiderar, hasta el último momento, todas mis decisiones.
El portal estaba oscuro y si la culpa tuviese un olor, éste empezaba ya a mezclarse con el de la lejía barata que impregnaba todo el edificio. Lo seguí escaleras arriba, sin poder quitarle la vista de encima y a medida que avanzaba, me arrebujaba más en el chal, temblorosa por la humedad y el miedo, todavía sin saber que al final de las escaleras, me esperaba mi destino.
martes, 22 de febrero de 2011
Debla

Avanza sigilosa en mitad de la noche perturbando el silencio con el tintineo de los zarcillos heredados de la abuela. De vez en cuando, gira la cabeza para cerciorarse de que nadie la sigue y apura el paso tras comprobar que en su muñeca, el reloj le recuerda que llega tarde. Con el corazón latiendo apresuradamente y aire frío cortándole la respiración, tuerce la última esquina y se para unos segundos para recuperar el aliento, colocarse un poco el pelo y la falda y decidir si sigue avanzando o recorre el mismo camino pero a la inversa. Comprueba que ya es demasiado tarde para eso y que en el portal, ya se adivina un cuerpo apoyado en el marco de la puerta aunque desde donde ella se ha parado, sólo se distinguen claramente unas botas negras y puntiagudas. Está fumando. Todavía sin verlo entero, a ella ya le sonroja la excitación. Se acerca y simplemente le dice. Soy Debla. El le responde: Sube, gitana.
lunes, 21 de febrero de 2011
Semana grande

Efectivamente, este miércoles hace un año que comencé este blog. Comencé con dudas y sigo aquí, un año después, agradecida por las visitas, emocionada con los comentarios e ilusionada por seguir escribiendo. El balance es positivo y el objetivo, como en todo, es que no empeore. Prometo que lo seguiré intentando.
Desde mañana, como pequeño festejo, publicaré un pequeño relato por entregas. Cada entrada será una especie de capítulo.
Gracias por leerme. Y recordad...
No tiene por qué ser hoy... pero podría serlo.
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