Cada una de su madre, constantemente en desacuerdo y siempre unidas, mis amigas y yo formamos uno de los grupos más heterogéneos y gritones que conozco.

Con la edad que tengo, que no es mucha por cierto, llevo 20 años compartiendo aventuras y desventuras con ellas. Hemos sido estudiantes con uniforme y sin carnet cuya máxima preocupación era saber qué nos pondríamos el sábado para salir. Sus madres me han reñido, hubo novios suyos que me cayeron mal, sus hijos me han conquistado y siempre me han acompañado. Cuando conoces hasta la ropa que tu amiga usa en casa, creo que su categoría comparte frontera con la de hermana. Ellas recuerdan cosas sobre mí que yo he olvidado y consiguen que me sonroje recordando otras que quería olvidar.

El caso es que individualmente, somos estupendas. Pero cuando nos reunimos, muchas menos veces de las que nos gustaría, aunque todo esté a nuestro favor, siempre lo estropeamos y acabamos convirtiendo una simple reunión de amigas en una gran fiesta desastre.

Y es que para empezar, no es tan fácil encontrar una fecha. No todas vivimos en la misma cuidad y con maridos e hijos, la cosa se complica. Encima, que la fecha esté fijada de antemano no garantiza nada. Todo lo contrario. Lo más probable es que sólo la recuerde la única que en principio no podía ir y que cuando nos llame para decir que contemos con ella se encuentra con un “contar contigo, ¿para qué?” al otro lado de la línea.

Luego está el sitio. Solemos quedar para cenar. Entre la que quiere que se permita fumar, la que prefiere comida tradicional, la que pide conocer sitios nuevos y la que se niega a mover el coche, no hay quien dé con un sitio. Lo más gracioso es que cuando hemos decidido fecha y sitio, polemizamos con la hora, nos damos cuenta de que no hemos avisado a alguien y dos días antes, alguna se pone mala. No hay manera.

Realmente, es un alivio cuando por fin me siento ante la mesa con ellas, veo sus caras sonrientes y comenzamos a hablar todas a la vez, para variar. Ha merecido la pena llegar a la meta, a pesar de lo dura que ha sido la carrera. Eso sí, que nadie celebre el título. Acaban de traer el menú y la liaremos de nuevo… ¿Pedimos algo para picar? ¿Alguien comparte un primero conmigo? ¿Un plato para cada una?

Qué desastre…