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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Feliz en tu día




Hay personas buenas y malas. Es así. Igual que hay personas altas y gordas, rubias y morenas, gordas y flacas. El que es bueno, lo es, aunque un día tenga un arrebato de mal genio. Igual que al que es moreno, por mucho que se tiña, acaban delatándole las raíces.

Una de mis mejores amigas es buena. Buena porque se alegra de verdad por las cosas buenas que nos pasan al resto. Buena porque se entristece contigo si le das una mala noticia. Buena hija, buena madre, buena amiga. Y lo es porque sí, porque le sale y porque siempre lo ha sido.

No es la más guapa, ni la más simpática. Pero juro que es la mejor persona que conozco. Por eso y porque hoy es su cumpleaños, hoy se merecía una entrada especial.

Felicidades, Monfersu ;-)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La Louri


La de las uñas cortas y el corazón grande. La que siempre deja el bolso y la puerta de su casa abierta. La de las eternas broncas y las grandes conversaciones.

Ella nos espantaba a los moscones, nos organizaba cenas a las que luego no venía y nos contaba interminables historias en las que lo que menos importaba era el final.

El alma del grupo. La madre petarda. La Louri.

Espero que seas feliz en tu día y en todos los que te quedan por vivir. Y que yo lo vea.

lunes, 16 de mayo de 2011

Hoy mandas tú

Nos conocimos con uniforme y pelos en las piernas, y a regañadientes, nos hicimos amigas.





Ocultamos los granos de la adolescencia con maquillaje del Todo a Cien y jugábamos a ser mujeres en Soportales.



Sabíamos quién era Leif Garret y nos aprendíamos de memoria la Super Pop.


Fuimos universitarias en Santiago, contertulias en la playa de la Sirenita y campistas en Nerga.





Tenemos en común nuestro sentido del humor, la cabezonería y la fidelidad ciega a Amacio Ortega y ambas somos bellas por el influjo de Venus, o eso dice nuestro horóscopo común.



Heredó mi ropa cuando me quedé embarazada y ahora heredo yo la que le queda grande a ella.



Su padre estuvo en mi parto y el Sr. Cuco la adoraba antes de que ella le empezase a comprar chocolate.



Hoy cumple años una de mis mejores amigas y siguiendo sus enseñanzas, le recuerdo que hoy manda ella.



Leria, te deseo un día perfecto y si no lo es, juntas lo arreglamos. Pide un deseo.



Felicidades, petarda.

sábado, 16 de octubre de 2010

Ya empezamos…


Hace un par de semanas, recibí por correo una convocatoria colectiva para hacer una cena otoñal de petardas. Milagrosamente, nos hemos puesto de acuerdo a la primera en la fecha. Eso sí, a partir de ahí, nadie se había manifestado sobre el sitio. Supongo que no queríamos estropearlo tan pronto y saborear un poco más la miel de la concordia. Mentalmente, apostaba por quién sería la valiente que hiciese la propuesta y me preguntaba en qué punto íbamos a estropearlo.

Hoy he recibido otro correo en el que una de mis amigas propone un sitio. Y acto seguido, recibo esta respuesta de otra petarda:

“Por mí cualquier sitio está bien, sólo falta que nos pongamos de acuerdo con la fecha?

¿Lo veis?? Siempre hay alguien disfrutando de viajes astrales… ¡PERO SI ES LO UNICO QUE HABIA QUEDADO CLARO!

martes, 21 de septiembre de 2010

La gran fiesta desastre

Cada una de su madre, constantemente en desacuerdo y siempre unidas, mis amigas y yo formamos uno de los grupos más heterogéneos y gritones que conozco.





Con la edad que tengo, que no es mucha por cierto, llevo 20 años compartiendo aventuras y desventuras con ellas. Hemos sido estudiantes con uniforme y sin carnet cuya máxima preocupación era saber qué nos pondríamos el sábado para salir. Sus madres me han reñido, hubo novios suyos que me cayeron mal, sus hijos me han conquistado y siempre me han acompañado. Cuando conoces hasta la ropa que tu amiga usa en casa, creo que su categoría comparte frontera con la de hermana. Ellas recuerdan cosas sobre mí que yo he olvidado y consiguen que me sonroje recordando otras que quería olvidar.




El caso es que individualmente, somos estupendas. Pero cuando nos reunimos, muchas menos veces de las que nos gustaría, aunque todo esté a nuestro favor, siempre lo estropeamos y acabamos convirtiendo una simple reunión de amigas en una gran fiesta desastre.


Y es que para empezar, no es tan fácil encontrar una fecha. No todas vivimos en la misma cuidad y con maridos e hijos, la cosa se complica. Encima, que la fecha esté fijada de antemano no garantiza nada. Todo lo contrario. Lo más probable es que sólo la recuerde la única que en principio no podía ir y que cuando nos llame para decir que contemos con ella se encuentra con un “contar contigo, ¿para qué?” al otro lado de la línea.




Luego está el sitio. Solemos quedar para cenar. Entre la que quiere que se permita fumar, la que prefiere comida tradicional, la que pide conocer sitios nuevos y la que se niega a mover el coche, no hay quien dé con un sitio. Lo más gracioso es que cuando hemos decidido fecha y sitio, polemizamos con la hora, nos damos cuenta de que no hemos avisado a alguien y dos días antes, alguna se pone mala. No hay manera.


Realmente, es un alivio cuando por fin me siento ante la mesa con ellas, veo sus caras sonrientes y comenzamos a hablar todas a la vez, para variar. Ha merecido la pena llegar a la meta, a pesar de lo dura que ha sido la carrera. Eso sí, que nadie celebre el título. Acaban de traer el menú y la liaremos de nuevo… ¿Pedimos algo para picar? ¿Alguien comparte un primero conmigo? ¿Un plato para cada una?



Qué desastre…