Mostrando entradas con la etiqueta Anecdotario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anecdotario. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de noviembre de 2011

La casa de Mickey Mouse



Hoy os traigo otra contribución al anecdotario de una de mis lectoras:



Un día, mi hija estaba viendo La Casa de Mickey Mouse en la tele. Tendría unos 3 años. Sale Mickey y dice: “Tengo que pintar un dibujo. ¿Con qué instrumento puedo pintarlo?” Y llama a Toodles y Mickey vuelve a preguntar: “¿Con qué instrumento puedo pintar el dibujo? ¿Con una llave inglesa? ¿Con unas ceras? ¿Con un muelle? ¿O con la misteriosa Mickey-herramienta??” Y de repente suelta mi hija: “¡CON LAS PUTAS CERAS!!” y otra vez: “¡CON LAS PUTAS CERAS!!”



¡Casi me atraganto cuando la oí hablándole a la tele a grito pelado! Mi marido y yo nos miramos…y no dijimos nada. Eso sí, le eché una bronca a mi marido por hacer uso de esa palabra de manera bastante habitual… Y mi hija, a lo suyo, sin inmutarse.



Cuidado con vuestro lenguaje... Y con Mickey ;-)

viernes, 8 de julio de 2011

La fiesta nacional




Hay profesiones que van con uno y lo acompañan a casa a pesar de que haya sonado la campana.

Yo siempre digo que por muy mal que se me haya dado la jornada laboral, sólo necesito subirme al coche y bajar la ventanilla para que deje de parecérmelo. Si sopla un frío viento del norte, se llevará con él en 5 minutos todos los malos pensamientos. Si por el contrario calienta el sol, rápidamente se derretirá la sensación de haber malgastado ocho valiosas horas de mi vida y muchos años de estudio.

Pero hay gente que no sólo trabaja, sino que tiene una profesión que no los abandona, por mil ventanillas que bajen.

Así, me contaba una amiga cómo su madre, profesora, instaba a sus alumnos, entre los que se encontraba ella misma, a escribir sobre la fiesta nacional. Mi amiga, que se define como una Atila de las letras, se mordía los labios y daba vueltas al lápiz con las manos sudorosas y el corazón acelerado, nerviosa por no saber cómo empezar y más temerosa por decepcionar a la madre que por fallarle a la profesora.

Vocación, trabajo y profesión. Sería un trío perfecto que tal vez alguno de vosotros disfrute. Otros, a pesar de haber hecho que nuestra vocación se convirtiese en nuestra profesión, acabamos por ganar un sueldo con un trabajo distinto. Incluso pudiese ser que algún poseedor de la trilogía, con el tiempo, acabe descubriendo que no le gusta su trabajo.

Dime, ¿a qué grupo perteneces?

viernes, 18 de febrero de 2011

La lista de la compra



Es cierto. Como bien apunta mi gran amiga Leria, fuente inagotable de inspiración, lo que compramos en el supermercado dice mucho de nosotros y sobre todo, de nuestra vida.

Así, ella se define como transparente:

- Special K (con virutitas de chocolate, un caprichito..)
- Pack de 4 cartones de leche de MEDIO LITRO
- Actimel
- Pechuga pavo
- Filetes pollo
- Tomates
- Pasta de colores (qué monas las ensaladas)

Y…. atención: Six Pack Estrella Galicia (para los ataques nocturnos) + patatillas (eso sí, Light).

Conclusión: mujer, soltera, preocupada por su físico y bipolar.

En mi lista de la compra ella imagina que habrá toallitas húmedas para niño, Don Limpio pH neutro, pilas AAA, bombillas de bajo consumo, zanahorias, yogures Larsa naturales, pechuga de pavo envasada, 1 bote grande de queso fresco y champú suave de camomila. Se ve que me conoce bien porque ha acertado en casi todo. También intuyo que considera previsora porque pilas y bombillas …

El caso es que la imagino en la cola, fijándose si el atractivo hombre de caja de al lado compra Danoninos para saber si tiene hijos o si compra jamón del bueno y le va a hacer una cena romántica a su novia. Y seguro que en su labor de investigación no ha sido discreta, así que lo más probable es que él se haya quedado mirando a su pack de Estrella Galicia. Atractiva y cervecera, buena combinación.

La compra del recién casado también es muy significativa: alubias, lentejas, amoniaco, toneladas de papel higiénico… que no nos falte de ná!

Yo me pregunto: ¿qué producto de supermercado es un clásico en tu lista de la compra? ¿Crees que te define?

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Normas de convivencia (o Sálvese quien pueda)


Cuando te pasas al menos ocho horas diarias en tu puesto de trabajo, es bastante probable que los acontecimientos que por allí suceden ocupen parte de tu cerebro sin quererlo.

Y es que, al igual que ocurre con tu familia, esto es lo que te ha tocado. Optas a un trabajo, y toda esa gente que son tus futuros colegas de profesión, no están en la lista previa de condiciones. La diferencia con tus padres es que al menos a estos les debes un cierto color de pelo, bastantes platos de canelones, o varios años viviendo en un hotel con la categoría “todo incluido” (uno con más acierto y otros con menos, pero eso es otra historia…)

El caso es que con esta compañía profesional impuesta, me cuesta aceptarlos como parte de mi vida cuando recibo correos electrónicos del tipo:

“Por favor, os recordamos que las máquinas de comida sólida no pueden ser golpeadas ni zarandeadas. La propia máquina tiene un sensor que hace que no se consuma el dinero introducido previamente si no se detecta peso en la bandeja. Además, al haber movido la máquina, el enchufe está aplastado y se encuentra fuera de servicio hasta nueva orden”

“Os rogamos que no utilicéis los baños hasta nuevo aviso. Hay una avería general y la calle está inundada” y al cabo de 15 minutos: “por favor, es muy importante que no uséis los baños hasta nueva orden. Hemos sustituido los carteles de las puertas avisando de la avería general por otros de mayor tamaño y con las letras en color rojo, porque nos están comentando que el otro cartel no estaba siendo atendido y ya han acudido más de 10 personas haciendo caso omiso”

Y tras otras dos horas: “ya podéis utilizar de nuevo los servicios, os recordamos que no debemos tirar objetos en los inodoros, incluido el papel de manos. El atasco estuvo provocado nuevamente por objetos tales como envoltorios plásticos, tapas de bolígrafos, clips, trozos de vasos de café, etc.”

“Ayer por la mañana desapareció nuevamente una bolsa de comida de la sala de descanso. Por favor, el que se haya confundido, que se fije en lo que llevaba dentro y reponga lo antes posible su contenido: un yogur de plátano, un sándwich mixto y una manzana. Asimismo, han desaparecido de la nevera unos yogures de la marca Vitalínea con mermelada de frambuesa y en su lugar han quedado unos con sabor a limón de la marca Lidl”

O sea… ¿tapas de bolígrafos? ¿clips?
¿el que se haya “confundido” de menú? ¿es que no sabemos lo que traemos de casa?


… en lo bueno y en lo malo, ¿hasta que el despido nos separe?


Gracias, Leria, por tu contribución a la causa ;-)

domingo, 7 de noviembre de 2010

Una de tocados

A veces la vida nos sorprende. A veces las cosas no son lo que parecen.

Eso pensé ayer, al volver a casa, aún impactada de lo que habían visto mis ojos.

Estaba ya anocheciendo cuando llegué a la dirección que indicaba la nota que me había dado una amiga. En una barriada oscura, una callejuela oscura. Una estrecha puerta de madera azul desvencijada, una casa en apariencia abandonada.

No puede ser aquí, pensé.

A punto estuve de dar media vuelta y volver por donde había llegado. En lugar de eso, llamé al timbre. La puerta se abrió, chirriante, dando paso a una larga escalinata. Un escalofrío se apoderó de mi cuerpo, al mirar hacia arriba y ver que una anciana despeinada y mal vestida me esperaba en lo alto de la escalera.

Subí los peldaños sin mucho convencimiento. Detrás de mí, la puerta se cerró, cerrando a la vez cualquier posibilidad de escapar de allí. Al llegar arriba, mi anfitriona me recibió amablemente. Tras una rápida ojeada pude comprobar lo altísimos que eran los techos, lo viejas que eran las lámparas, lo poco que iluminaban y el aspecto tétrico que esa tenue luz le daba a la vivienda.

Me presenté y le informé a la buena mujer que venía de parte de Ana. Sonrió mientras me señalaba la enorme puerta de una habitación conjunta a la sala donde nos encontrábamos. Yo esperé a que ella diera el primer paso y abriera la puerta, sin saber muy bien qué secreto guardaba ahí dentro la anciana señora.

Creo que la sensación que tuve cuando entré en aquella habitación debió ser la misma que sintió Alí Babá cuando entró en la cueva del tesoro. Estaba llena de sombreros y tocados para la cabeza, con un nivel de sofisticación digno de la mejor boutique parisina. A mi alrededor revoloteaban plumas, tules, cintas y flores de todas clases y colores. Entonces me volví loca. Me probé uno detrás de otro, mirándome en un viejo espejo que había colgado en la pared, y cada imagen me trasladaba a un lugar y momento imaginado.

Pilar es una artista en la sombra. Me ha dicho un pajarito que las tiendas más elegantes de la ciudad le hacen encargos para después venderlos a sus clientas.


Gracias, Adela, por ser la primera en colaborar ;-)